2540 Followers
73 Following
DonostiaBookClub

Donostia Book Club

My name is Slawka Grabowska. I organize Donostia Book Club. We meet every month to discuss previously chosen books or short stories. Check out our FB page! https://www.facebook.com/pages/Donostia-Book-Club/105225566276875?ref=hl

Genio Desconocido: Bruno Schultz

The Street of Crocodiles and Other Stories - Bruno Schulz, Celina Wieniewska, Jerzy Ficowski, Jonathan Safran Foer

John Updike en su ensayo sobre Bruno Schulz le llamó ¨un gran escritor que sabe cautivar el mundo¨. En el mismo texto citó a Isaac Bashevis Singer que dijo que ¨Schulz escribió unas veces como Kafka, otras como Proust y, en ocasiones llegó a abismos tan recónditos que ninguno de ellos había alcanzado antes".

 

 

 

Es cierto: aunque a lo largo de su vida también se desempeñó como artista gráfico, pintor, dibujante y crítico literario, el autor de los relatos recogidos en Las tiendas de color canela y Sanatorio bajo la clepsidra, que evocan en ciertos aspectos la obra de Franz Kafka, cuyo Proceso tradujo al polaco, es considerado uno de los mayores estilistas de la prosa polaca del siglo XX.

 

Polaco de origen judío nacido el 12 de julio de 1892, hijo de Jakub Schulz, un comerciante judío de tejidos en Drohobycz, una pequeña ciudad al suroeste de la Galitzia austrohúngara (luego Polonia, hoy Ucrania). Los padres de Schulz no cultivaron tradiciones judías y en su casa hablaban solamente en polaco. Desde pequeño hablo tanto polaco, como alemán. A una edad muy temprana se interesó por el dibujo. El mismo en una carta dirigida en 1935 a Stanislaw Ignacy Witkiewicz, uno de los representantes de la vanguardia polaca, Bruno Schulz escribió: "Mis inicios como dibujante se pierden en una bruma mitológica. Aún no sabía hablar cuando ya llenaba todos los papeles y márgenes de los periódicos con garabatos".

 

Tras finalizar el bachillerato, Schulz ingresó por consejo de su entorno en la Facultad de Arquitectura del Instituto Politécnico de Lwow. Era el año 1910. El mismo año, por la enfermedad de Jakub Schulz, la familia tuvo que vender su tienda y todos se mudaron a la casa de la hija mayor: Hanna Hoffman. Pronto una enfermedad que afectó el corazón y los pulmones obligó a Bruno a interrumpir sus estudios y ingresar en un sanatorio en Truskawiec hasta 1913. Cuando intentó volver a la clase, el comienzo de la Primera Guerra Mundial se lo impidió. Después de eso, Schulz viajó con toda la familia a Viena, donde asistió a algunos cursos de Arquitectura y comenzó a frecuentar la Academia de Bellas Artes.

Al cabo de un año la familia se vió obligada volver a Drohobycz y pronto después, el 23 de junio de 1915 murió a los 69 años el señor Jakub, padre de Schulz. Su enfermedad afectaba a toda la familia ya desde hacía años y el efecto de eso se ve mucho en obras de Bruno, especialmente Las tiendas de color canela.

Schulz vuelve dos veces mas a Viena para continuar sus estudios, pero la verdad es, que no había nada de cosmopolita en el; su genio se alimentaba en lo local y lo étnico. Menos para estudiar, trabajar o cuidar su salud no salía de su ciudad natal, y su vida adulta fue la de un ermitaño.

 

En 1918 despues de 123 años, se restaura Polonia en los mapas, la ciudad de Drohobycz es otra vez teritorio polaco. Al retornar a su localidad natal a partir de 1922 enseñó dibujo en el instituto de Drohobycz y empezó a exponer sus obras. Ese año editó un volumen singular, El libro idólatra, que parece inspirado a medias por las pinturas negras de Goya y La Venus de las pieles, de Sacher-Masoch.

 

Lo más curioso es que Bruno Schulz comenzó a escribir para aliviar el aburrimiento provinciano. Todo empezó con la colección de cartas enviada a su amiga, la novelista y poeta Debora Vogel, en las que narraba episodios de su infancia, que fue descubierta por otra escritora, Zofia Nalkowska. La correspondencia en el caso de Schulz, cuya vida giraba totalmente en torno al "arte", representaba una auténtica "autobiografía fragmentaria". En ocasiones, Schulz relataba cuentos o fábulas enteras a sus amigos, hoy en mayoria perdidos, en las cartas abundantes que les enviaba. Nalkowska quedó fascinada por la originalidad y la fuerza poética de aquellos textos, y le propuso a Schulz su publicación. Son esas cartas que se convirtieron en Las tiendas de color canela, que para sorpresa de todos publicó en 1933.

 

El libro es pequeño y está compuesto de relatos cortos, conectados únicamente por el tema, que se supone componen una novela. Los relatos no tienen casi trama y no son cuentos en el estricto sentido de la palabra, así como no son capítulos de una novela tampoco . Es más bien una crónica de su infancia en Drohobycz elevada por Schulz a la categoría de “República de los Sueños”. Describía a los comerciantes de la nueva era (a un lado, el mundo de las tiendas humildes y anacrónicas; al otro, la temible calle de los Cocodrilos), a Jakub Schulz, el padre contradictorio, dulcísimo y tiránico, un soñador al que la enfermedad permitió abandonar el negocio de telas y que en el libro aparece como un demiurgo enloquecido, a la temible Adela, la criada que quintaesencia el orden racional. El universo literario y vital de Bruno Schulz, como escribió Kapuscinski, “era un triángulo formado por las calles Florianska, Zielona y la plazoleta de la panadería”.

 

 

De no ser por el exito de Las tiendas de color canela, probablamente no habría salido de ese triángulo. Pero la excelente acogida crítica le llevó a colaborar en varias revistas literarias. Se hizo amigo de Stanislaw Ignacy Witkiewicz y de Witold Gombrowicz. Fue el primero en escribir una reseña entusiasta de Ferdydurke de Gombrowicz. Witkiewicz fue quien le animó a escribir Sanatorio bajo la clepsidra, su segundo y último libro de cuentos, que publicó en 1937.


En ese libro lo mas visible es la desolacion y la soledad. El padre había muerto, pero Josef, el mismo protagonista del libro anterior, el alterego de Bruno, lo encuentra de nuevo en el misterioso sanatorio del título. Un médico, que bien podría llamarse Valdemar, le dice: “La muerte que alcanzó a su padre en su país aquí no ha llegado todavía”. El sanatorio quizás no sea muy distinto del
sheol judío, una suerte de purgatorio donde los muertos siguen existiendo pero viven una especie de vida congelada, la sombra de una vida: no experimentan nada ni tienen conciencia de nada, ni siquiera de Dios. Así lo vio Wojciech Has, el genial adaptador del Manuscrito encontrado en Zaragoza, cuando llevó al cine Sanatorio bajo la clepsidra en 1973.

 

Con ese libro empezó un periodo muy oscuro en la vida de Bruno Schulz. La escritura de Sanatorio bajo la clepsidra no fue fácil. En 1935 murió Izydor, su hermano mayor, y Bruno tuvo que hacerse cargo de toda la familia: su madre, Henrietta, su tía Hannia, las dos hijas de esta, la esposa e hijos de Izydor y una vieja prima. Sus únicas fuentes de ingresos eran las clases, que tuvo que multiplicar, y las reseñas literarias. Para ganar algo más de dinero tradujó al polaco El proceso de Kafka (1937) con la ayuda de su novia, Jozefina Szelinska. Fue una relación breve y tragica: la familia de Jozefina se convirtió al catolicismo y se opuso frontalmente a que se casara con un judío.

 

En el mismo año, 1937, Bruno Schulz viaja a París en un insensato intento de exponer sus dibujos. Pero ese intento acabo en un fracaso absoluto: se plantó allí sin apenas contactos y en pleno verano, con las principales galerías cerradas. En otoño 1938 la Academia Polaca de Literatura le concedió el Laurel de Oro, un premio muy prestigioso pero sin dotación económica. Escribe su unico relato en idioma alemán, una pieza de 30 páginas: Die Heimkehr, de tema similar a El sanatorio de la clepsidra, con el fin de interesar con su obra a las editoriales alemanas, pero este pasa desapercibido.

Entre clases y reseñas solo encontró tiempo para trabajar en un nuevo relato, Cometa, casi una “nouvelle” y para preparar una novela larga, El Mesías, interrumpida (y desaparecida) a causa de la guerra. El estallido de la II Guerra Mundial en 1939 tomó a Schulz viviendo en Drohobycz, que estaba ocupada por la Unión Soviética. Tras la invasión alemana de la Unión Soviética fue forzado, al ser judío, a vivir en el gueto de Drohobycz.

 

El 1 de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia.
El 11 de Septiembre el ejército nazi entró en Drohobycz.
El 17 lo hizo el ejército ruso.
El 24, los alemanes se retiraron dejando el territorio en manos de los soviéticos, que mantuvieron a Schulz en su puesto docente pero le obligaron a dibujar carteles de propaganda.
La ocupación soviética duró dos años: desde el 17 de septiembre de 1939 hasta el 22 de junio de 1941, cuando Alemania invadió Rusia.
El 1 de julio 1941 los nazis ocuparon Drohobycz por segunda vez. Cerraron las escuelas y Schulz perdió su trabajo. Poco más tarde recluyeron a todos los judíos en el gueto. Schulz y su familia fueron trasladados a una casa en ruinas, en el número 18 de la calle Stolarska. Le encomendaron una nueva tarea: catalogar las bibliotecas polacas confiscadas primero por los rusos y luego por los alemanes.

 

Felix Landau, Haupt schar führer (entre suboficial y jefe de pelotón) de las SS había llegado a Drohobycz al mando de un destacamento encargado de confinar y exterminar a los judíos de la zona. En su terrorífico diario, que envíaba en cartas sucesivas a su novia, hablaba de sus cotidianos “ejercicios de tiro” y de que “tiene un nuevo perro, que dibuja muy bien”. Ese perro era Bruno Schulz. Un “perro” era un “judío útil”, un esclavo al servicio absoluto de un nazi.


El primer (y último) trabajo que Landau encomiendó a Schulz era la pintura de un mural en la habitación de su hijo pequeño, con escenas de los cuentos de los hermanos Grimm, por el que recibirá “varias raciones extras de comida”. Y entonces pasó que en uno de sus “ejercicios de tiro”, Landau asesinó al “dentista personal” de un jefe de la Gestapo llamado Karl Günther.

 

El 19 de noviembre de 1942, Schulz estaba planeando escapar del ghetto, de Polonia ante la insistencia de sus amigos y familiares. Había conseguido los papeles falsos que un contrabandista le había conseguido y algo de dinero gracias a unos amigos, a los que encomendó la custodia de sus dibujos y manuscritos.

Aquella mañana había terminado el mural infantil y cruzaba el “barrio ario” rumbo a su casa de la calle Stolarska, con unas barras de pan bajo el brazo como pago por su labor. Su amigo Izydor Friedman fue testigo de su muerte, que tuvo lugar en la esquina de las calles Czacki y Mickiewicz. Todo fue muy rápido. Karl Günther se acercó a Schulz, desenfundó su pistola y le disparó un tiro en la nuca. Luego, al parecer, se presentó ante Landau y le dijo: “Mataste a mi perro y yo he matado al tuyo”.

 

Dicen que Schulz había terminado ya la primera versión de su obra maestra, El Mesías. Su libro, como su cuerpo, probablamente enterrado en alguna fosa común, aún no ha sido encontrado. Se especuló mucho con que la novela estuviera en poder de la KGB.

En 1946, uno de los supervivientes del ghetto de Drohobycz reconoció a Felix Landau en Linz. Fue detenido por soldados del ejército americano y conducido al campo de prisioneros de Glasenbach, del que logró escapar en agosto de 1947. Diez años más tarde le localizaron de nuevo: bajo el nombre de Rudolf Jashcke dirigía una tienda de decoración de interiores en Bavaria. Acusado de incontables asesinatos, un tribunal de Sttutgart le condenó a cadena perpetua.

Se puede decir que Bruno Schulz murió dos veces: asesinado por los nazis y sepultado por los comunistas, que le consideraron una reliquia del pasado, un típico ejemplo de la podredumbre burguesa. A finales de los cincuenta, sus amigos y compatriotas Jerzy Ficowski y Artur Sandauer localizaron algunas cajas con sus dibujos y manuscritos. Aunque se habían perdido muchísimas cartas y El Mesías jamás apareció, había suficiente material como para comenzar a reivindicar su obra y darla a conocer mundialmente, tarea a la que dedicaron sus vidas.

La escritura de Bruno Schulz ha sido fuente de inspiración para Philip Roth, Cynthia Ozick, Nicole Krauss, Ugo Riccarelli, David Grossman, para el teatro de Tadeusz Kantor (especialmente La clase muerta, inspirada en su relato "El jubilado"), para Jonathan Safran Foer y su texto llamadoTree of Codes que es una reeescritura de La calle de los cocodrilos, su cuento favorito de Schulz.

Su escasa obra, se engloba dentro del realismo simbólico, y se caracteriza por su prosa poética con gran complejidad narrativa.